En Musa. El nombre del miedo, Ernesto Picco —referente de la crónica contemporánea argentina— utiliza la trayectoria del represor como puerta de entrada para revisitar el pasado reciente. El libro permite comprender que la explicación de nuestra historia no empieza ni termina en su figura. Presentarlo como la encarnación absoluta del mal podría resultar tentador, pero la obra invita a ver que su figura es, en realidad, una pieza de un engranaje mucho más amplio y complejo.